Mi madre

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Mi madre falleció el 7 de julio del año 2.005 a la edad de 56 años de un cáncer estomacal que la mató cuatro meses después de haber sido detectado. Ella radicaba en Miami, Florida y contaba con los medios para asistir y atenderse en un buen Hospital.

Hoy día tendría 70 años.

Una de las cosas que más me impresiona, es que ella murió con 6 años más de los que yo tengo actualmente. La gran diferencia es que para ese entonces yo tenía 35 años, y a diferencia de ella, hoy yo tengo un hijo de 10. O sea si muero a los 56 mi hijo tendrá 16. Una edad en la que un padre no debe faltar.

Yo todavía la echo de menos.

Un par de días luego de que me avisaran que ella tenía cáncer, contacté a unas personas en la calle el Golf, en la Comuna de Las Condes, en la ciudad de Santiago de Chile, que decían tener un famoso veneno de Alacrán azul de Cuba que era la cura perfecta para todo tipo de cáncer, también es llamado Escozul.

A las 9:30 de la mañana del día de su deceso, yo me encontraba en la oficina de los vendedores del veneno Escozul pagando la suma de 200.000 pesos chilenos para que trajeran la dosis. Supuestamente el veneno no te lo cobran en Cuba pero ese dinero era para cubrir los gastos de la traída.

Toda esta historia es para hacer énfasis en algo muy importante. La prevención y los exámenes rutinarios.
Si se hubiese detectado a tiempo la historia tal vez sería distinta.

Las dietas saludables, el ejercicio, el buen descanso, el apego a la vida, el consumo de suplementos anti cancerígenos no basta, si uno no asiste al médico regularmente para hacerse chequeos.

Los medicamentos milagrosos solo salvan muy pocos casos. Y en general son muy costosos. Lo único que salva vidas es la prevención y los doctores cuando descubren estas anomalías a tiempo.

En esta fórmula de la vida toca cuidar y proteger todas las variables.