La vida en tiempos del Coronavirus

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A diferencia de la mayoría de los mortales para mí el día lunes tiene una connotación de alegría y excesiva felicidad.

 

En la familia los fines de semana son tradicionalmente de juntas, risas, asaditos, trasnocho, traguitos, películas y mucho pero mucho bullying entre nosotros mismos. El olor al carbón, en verano,  el olor a la cazuela de invierno, junto a la imagen de la mamá preparando delicias, yo mismo ayudando a cocinar o yendo al súper con Gabo, y los muchachos preguntando si ya está. Eso no tiene precio. 

 

Eso da como resultado que terminemos los domingos con el alma llenita de amor, esperando la junta del fin de semana que viene.

 

El lunes el ciclo se cierra con mi hijo y mi señora en el auto en medio del taco, el trajín y la carita de pereza camino al colegio y de ahí a dejar a Inés en su trabajo.

 

El lunes 21 de octubre todo fue diferente, por las razones que ya todos sabemos.

 

El pasado 9 de marzo hubo otro ingrediente más, se asomaba a pasos agigantados el Nuevo Coronavirus COVID-19. 

 

De repente todo lo estable de nuestras vidas dejó de serlo, el trabajo, la seguridad, la salud la economía familiar, y los fines de semanas se fueron al carajo. Fue un pedazo del alma que el Coronavirus nos arrancó sin piedad.

 

Con ello, entre la revuelta social, el COVID-19, y la necesidad de resguardarnos, la familia se fragmentó. Ya no más reuniones cada uno en su casa encerrado. Obvio para protegernos. 

 

Entonces el escenario fue otro, mi señora y yo intentando trabajar desde la casa. Los muchachos sin colegio una nueva rutina familiar que pese a la convivencia requería nuevos desafíos.

Como consecuencia de aquello y del encierro todo mutó y se hizo nuevo, por que se nos vino encima la angustia, la incertidumbre y el tedio del encierro.

 

Los días pasan a una velocidad estrepitosamente lenta, se siente el latido del corazón, golpeándonos el pecho, avisando que el tiempo se nos va y no podemos evitarlo y peor aún, no podemos hacer nada más que esperar que el famoso virus se retire definitivamente, tal vez y digo tal vez para dar paso a otro que nos repita este cambio de encierro que vino para instalarse en nuestras vidas 

 

Créanlo o no eso nos pegó fuerte: como personas, como familia, como pareja.

Ansiedad, miedo, no puedo dormir…

Como tampoco puedo acudir a un especialista, recurrí a la sabia medicina natural, y encontré la ayuda que necesitaba en algunos medicamentos que me gustaría recomendar:

 

Lepidium : Está indicado como un medicamento para reducir el stress y la tensión. Ayuda muchísimo en estados ansiosos, con dificultad para poder controlar emociones. Sus componentes fortalecen el sistema inmunológico, así que todo es armonía dentro de mi cuerpo y cerebro, ya que también es un reconstituyente. ¿Cómo lo tomo? Dos cápsulas a la hora del desayuno, así mantengo a raya el stress que nos provocan las noticias desalentadoras.

 

Schizandra: Es una planta que combate los estados depresivos de forma natural, cuando el sistema inmune se deprime, actúa controlando los síntomas que afectan a nuestro cuerpo por stress y ansiedad. Lo tomo antes de la cena, son dos cápsulas, que me permiten dormir tranquilo, sin afectar las actividades cotidianas, porque no es una pastilla para dormir, simplemente estabiliza los niveles normales del organismo.

 

Si tú quieres retomar las actividades diarias, normalizar horarios, dormir las horas acostumbradas, puedes comenzar con dos tratamientos, si necesitas más información sobre cómo tomarlo y cómo actuará en tu cuerpo puedes conversar con nosotros por WhatsApp.