El Stress del día a día

| 0

Yo definitivamente soy el tipo más impaciente, alterado y malgeniado del mundo, así soy y no me da vergüenza aceptarlo. Aunque trabajo en ello, para mejorar esos dones que la divina providencia no me dio.

Entrar en un vagón del metro en Santiago o casi todas las capitales del mundo a las 8 de la mañana, de lunes a viernes, es tarea titánica. La sociedad de este lado del planeta nos enseñó que todos debíamos entrar a trabajar alrededor de las 9 AM y salir a las 6 AM. Atroz horrible por decirlo menos. Yo tuve la fortuna de vivir en Boston y me di cuenta que los gringos son un tanto más astutos. Ellos entran en horarios escalonados. Me explico hay gente que entra a las 6 AM, 7 AM, 8 AM, 9 AM, 10AM y salen de vuelta a casa a las 3 PM, 4 PM, 5 PM, 6 PM, 7 PM respectivamente. Suena muy fácil y lo es, pero requiere cambios en materia laboral y en este lado del globo no se dan aún.

Volvamos a Santiago, 8 AM vivo en Maipú y trabajo en Providencia. Así que tomo la línea 5 en la Estación Monte Tabor. Y me bajo en Baquedano 14 estaciones más adelante.

Lucho contra una pequeña turba para poder ingresar al vagón y trato de hacerme lo más alejado de la puerta de ingreso, al fondo. Me doy media vuelta y observo.

Veo acercarse a la puerta del carro del metro una sonrisa increíble transportada por un cuerpo de mujer. La portadora  es alta, flaca y atractiva. Brazos largos y cuello muy fino. Unos pantalones anchos de delgada tela blanca, combinan perfecto con su blusa verde. Con ese pelo corto y fino que denota cuidado y peluquería. Me digo a mi mismo cálmate, se nota que la estás mirando demasiado.

Ahí hay un quiebre y la magia termina.

Nuestro sujeto en mención al igual que yo se baja muchísimas estaciones más adelante. Pero para sorpresa de todos NO SE MUEVE DE LA PUERTA. Maldice, reniega, empuja, discute, pelea y grita.

Estorba todo el bendito trayecto. No mencioné su cartera, su mochila, su celular en la mano y sus tacos asesinos de 10 cm.

Es un Moai en la entrada. Que stress, que molestia.

Como ella dos o tres más iguales, impidiendo el tránsito fluido de ingreso y salida.

Como no me voy a molestar, como no me voy a inquietar si por las 14 estaciones que los tengo que observar no se mueven y reniegan contra todos por los empujones.

Al bajar ingiero mis 4 gotitas para la calma y el equilibrio. La paz y la armonía intentan regresar.

Debo hacerlo, si no, en la oficina pagarán los platos rotos por mi molestia con la que comienza mi día